Este andrógeno participa en procesos sexuales, reproductivos, cognitivos y metabólicos, y su equilibrio es clave para la salud en ambos sexos
SANTO DOMINGO.– La testosterona, tradicionalmente vinculada con la virilidad y la fuerza, cumple un papel mucho más amplio en el organismo humano y no es exclusiva de los hombres. También en las mujeres tiene funciones fundamentales, desde la fertilidad hasta el deseo sexual.
Aunque los niveles de esta hormona son más altos en varones, los ovarios y las glándulas suprarrenales femeninas también producen pequeñas cantidades, necesarias para mantener un equilibrio en distintos procesos biológicos.
En los hombres, la testosterona es la responsable del desarrollo de los genitales, la aparición de caracteres sexuales secundarios como el vello facial y el cambio de voz en la pubertad, así como de la producción de esperma. Además, su carácter anabólico la vincula directamente con la masa muscular y la fortaleza ósea.
En las mujeres, su rol es clave en el desarrollo folicular y la ovulación. Sin embargo, un exceso puede desencadenar síndrome de ovario poliquístico (SOP), mientras que niveles bajos pueden generar insuficiencia ovárica, ambas situaciones relacionadas con dificultades para concebir.
Más allá de la reproducción, estudios científicos han resaltado la influencia de esta hormona en la cognición, el estado de ánimo, la distribución de grasa corporal y el metabolismo.
Niveles bajos de testosterona, sobre todo en hombres mayores, se han asociado a problemas como osteoporosis, síndrome metabólico, depresión y enfermedades cardiovasculares. Por el contrario, niveles excesivos implican riesgos de infertilidad e incluso de cánceres agresivos.
Su impacto metabólico también es significativo: bajos niveles suelen relacionarse con mayor acumulación de grasa abdominal, lo que eleva el riesgo de diabetes y complicaciones cardiovasculares. Mantener un equilibrio adecuado puede ayudar a regular el colesterol, mejorar la sensibilidad a la insulina y prevenir enfermedades crónicas.
En definitiva, la testosterona no es solo la “hormona de la masculinidad”, sino un regulador esencial para la salud integral de hombres y mujeres, cuya importancia trasciende los estereotipos tradicionales.
