Muchas personas con síndrome del intestino irritable (SII) eliminan por cuenta propia alimentos como el trigo o el gluten pensando que son los causantes de sus síntomas, pero un nuevo estudio científico sugiere que, en muchos casos, esta decisión no está justificada.
La investigación, publicada en la revista The Lancet Gastroenterology and Hepatology y liderada por la Universidad McMaster (Canadá), demostró que gran parte de los pacientes que creen tener intolerancia al gluten en realidad no presentan una reacción física real, sino que su malestar puede estar influenciado por expectativas negativas, lo que se conoce como el “efecto nocebo”.
Durante el estudio, se les ofrecieron barritas de cereales a tres grupos de personas con SII: algunas contenían gluten, otras trigo y otras ninguno de los dos. Los pacientes no sabían cuál les había tocado. Sorprendentemente, los síntomas digestivos reportados fueron similares en los tres grupos, lo que indica que la percepción personal jugó un papel más importante que el alimento en sí.
“Muchos creen que reaccionan al gluten, pero en realidad no todos tienen una sensibilidad real. A veces es la creencia la que genera los síntomas”, explicó el doctor Premysl Bercik, autor principal del estudio. Además, la mayoría de los participantes no cambió su dieta tras conocer los resultados, lo que demuestra la fuerza de las ideas preconcebidas sobre estos alimentos.
Los especialistas advierten que hacer una “autodieta”, es decir, eliminar alimentos sin orientación médica, puede traer más perjuicios que beneficios. “Es común que los pacientes lleguen a consulta tras haber eliminado grupos enteros de alimentos, lo cual puede tener consecuencias negativas para su salud”, indicó Maite Alonso, experta de la Clínica Universidad de Navarra.
Una de las estrategias con más respaldo científico para tratar el SII es la dieta baja en Fodmap, que implica reducir ciertos carbohidratos difíciles de digerir, bajo supervisión médica y por tiempo limitado.
Los investigadores concluyen que el apoyo psicológico y una evaluación personalizada son claves para ayudar a estos pacientes a llevar una dieta más saludable y menos restrictiva, sin caer en miedos infundados.
