Una nueva investigación científica ha revelado que una bacteria modificada en el intestino podría convertirse en una aliada para combatir los cálculos renales. El estudio, publicado en la revista Science, fue liderado por el doctor Weston R. Whitaker y demuestra cómo la bacteria Phocaeicola vulgatus, al ser alterada genéticamente, puede reducir los niveles de oxalato en el cuerpo, una sustancia clave en la formación de piedras en el riñón.
El oxalato es un compuesto que el organismo produce y también se encuentra en alimentos como frutos secos o espinacas. Cuando se acumula en exceso en la orina, aumenta el riesgo de desarrollar cálculos y, en casos más graves, daño renal. En este estudio, los científicos lograron que la bacteria metabolice este compuesto gracias a una dieta basada en porfirano, un nutriente derivado de las algas poco común en la dieta occidental, lo que facilita su control y permanencia en el intestino.
La doctora María Dolores Sánchez Niño, investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid, explica que este hallazgo representa una innovación significativa: “Se puede generar una bacteria capaz de eliminar el oxalato y mantenerla viva mientras se le administre el nutriente específico. Y si se desea retirarla, basta con suspender ese alimento”.
Este enfoque también resuelve una de las principales limitaciones en terapias con microbiota: la dificultad para lograr una colonización estable de bacterias terapéuticas en el intestino humano. Gracias al uso del porfirano, los investigadores lograron crear un entorno exclusivo para que la bacteria modificada sobreviva sin competencia.
Sin embargo, el estudio presenta limitaciones. Según Sánchez Niño, la intervención fue menos efectiva en pacientes que ya tenían alteraciones intestinales, y el ensayo fue de corto plazo y con pocos participantes. Además, se detectó un posible riesgo de bioseguridad por el intercambio de genes entre bacterias, un aspecto que deberá resolverse antes de aplicar este enfoque a gran escala.
El estudio también resalta un problema común: muchas personas consumen probióticos, pero no los alimentan adecuadamente con frutas y verduras, lo que hace que estas bacterias no sobrevivan en el intestino. Esta nueva estrategia, al vincular las bacterias a un alimento concreto, podría garantizar su efectividad y permanencia durante el tiempo que sea necesario.
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