Autoridades sanitarias coinciden en que el daño no depende del tipo de alcohol, sino de la cantidad consumida, y advierten que no existe un nivel seguro de ingesta.
En medio de mitos persistentes sobre los supuestos beneficios del “consumo moderado” de alcohol —como mejorar la salud cardiovascular o reducir el estrés—, los expertos insisten en un mensaje claro: no hay una bebida alcohólica menos dañina. El factor determinante no es si se trata de vino, cerveza o licores, sino la cantidad de alcohol (etanol) ingerida, una sustancia presente en todas estas bebidas.
Las autoridades sanitarias subrayan que la única ingesta completamente segura es cero. Incluso en cantidades bajas, el alcohol se asocia a más de 200 enfermedades, entre ellas trastornos cardiovasculares, neuropsiquiátricos y hepáticos, además de cáncer. De hecho, el alcohol es responsable de alrededor del 4 % de los casos de cáncer a nivel mundial, una relación que aún desconoce más de la mitad de la población europea, según datos de la campaña #RedefineAlcohol impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa.
La evidencia científica señala que el consumo de alcohol está vinculado a siete tipos de cáncer: colon y recto, boca, garganta, esófago, laringe, mama e hígado. Solo en Europa, se estiman casi 70,000 muertes anuales por cáncer atribuibles al alcohol, independientemente del tipo de bebida consumida.
Frente a la pregunta frecuente de si beber “poco” puede ser seguro, los expertos responden con cautela. Una investigación reciente liderada por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) concluyó que las personas que consumen bajas cantidades de alcohol —hasta 20 gramos diarios, equivalente a dos cervezas o dos copas de vino— no presentan menor riesgo de mortalidad por todas las causas. Es decir, beber poco no reduce el riesgo, lo que desmonta la idea de beneficios para la salud.
El estudio indica que, si bien por debajo de ese umbral el riesgo de muerte no parece aumentar, tampoco disminuye; y a partir de esa cantidad, el riesgo crece de forma proporcional al incremento del consumo.
Especialistas advierten que es necesario romper con la normalización social del alcohol. “El alcohol es una sustancia tóxica. Debemos desterrar la creencia de que beber, aunque sea poco, aporta beneficios a la salud”, recalcan. En conclusión, no existe una opción ‘menos dañina’: reducir riesgos pasa por disminuir la cantidad o evitar el consumo.
