Investigadores señalan que su consumo moderado no solo beneficia la microbiota intestinal, sino también el estado de ánimo y la función cognitiva
El café, además de ser una de las bebidas más consumidas en el mundo, continúa sorprendiendo a la ciencia por sus posibles beneficios para la salud. Un reciente estudio sugiere que su consumo diario podría influir directamente en el eje intestino-cerebro, mejorando la microbiota intestinal y contribuyendo al bienestar emocional.
Durante años, el café fue cuestionado por sus posibles efectos negativos, especialmente en personas con hipertensión. Sin embargo, nuevas investigaciones han ido desmontando esa creencia y hoy se reconoce que un consumo moderado, entre tres y cuatro tazas al día, puede estar asociado con una menor mortalidad por enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer, mayor longevidad y menor riesgo de deterioro cognitivo.
Incluso estudios recientes han vinculado el café con una reducción del riesgo de fibrilación auricular y con mejoras en la memoria social, especialmente en personas que duermen poco.
Ahora, una nueva investigación publicada en la revista científica Nature Communications amplía aún más estos hallazgos al analizar cómo esta bebida impacta en la salud intestinal y en la conexión entre el intestino y el cerebro.
El estudio fue realizado por el centro de investigación APC Microbiome Ireland, en colaboración con el Instituto de Información Científica del Café (ISIC), y se centró en el llamado eje microbioma-intestino-cerebro, una relación bidireccional entre la microbiota intestinal y el sistema nervioso.
Los investigadores encontraron que tanto el café con cafeína como el descafeinado favorecen la proliferación de bacterias beneficiosas en el intestino, como Eggertella sp y Cryptobacterium curtum, lo que sugiere que los efectos positivos no dependen únicamente de la cafeína.
Según John Cryan, investigador principal del APC Microbiome Ireland, el café debe entenderse como mucho más que cafeína. Explicó que se trata de un factor dietético complejo que interactúa con las bacterias intestinales, el metabolismo e incluso el bienestar emocional.
Los participantes del estudio, que consumían regularmente entre tres y cinco tazas diarias —una cantidad considerada segura por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)— también reportaron menores niveles de estrés percibido, menos síntomas de depresión y menor impulsividad.
Estos resultados sugieren que el café podría tener un efecto positivo en el estado de ánimo, independientemente de si contiene cafeína o no, lo que refuerza la hipótesis de que otros compuestos bioactivos, como los polifenoles, desempeñan un papel importante.
Además, se observaron mejoras en el aprendizaje y la memoria en quienes consumían café descafeinado, lo que apunta nuevamente a que los beneficios cognitivos podrían estar relacionados con estos compuestos antioxidantes y no exclusivamente con la cafeína.
Los expertos aclaran que el café no debe considerarse una bebida milagrosa, sino una pieza más dentro de una alimentación equilibrada y un estilo de vida saludable. Su verdadero valor estaría en su capacidad de contribuir a un entorno intestinal más sano, lo que a su vez podría influir positivamente en la salud mental y emocional.
El estudio concluye que esta bebida tiene potencial para ser utilizada como parte de estrategias nutricionales orientadas a mejorar la microbiota intestinal y promover beneficios a largo plazo tanto en el organismo como en el cerebro.
