Aunque el aceite de rosa mosqueta es popular por sus propiedades cosméticas, dermatólogos advierten que no existen suficientes estudios que respalden su eficacia como cicatrizante.
El aceite de rosa mosqueta, extraído de las semillas de un arbusto silvestre de la familia de las rosáceas (Rosa Eglanteria), se ha convertido en un ingrediente habitual en productos cosméticos por sus propiedades hidratantes y nutritivas. Con alto contenido de ácidos grasos omega 3 y 6, compuestos fenólicos, vitaminas C y E, y ácido trans-retinoico, su uso se ha extendido por sus presuntas cualidades cicatrizantes.
Sin embargo, especialistas advierten que no hay suficiente evidencia científica que confirme su eficacia en la corrección de cicatrices. “Hay bibliografía, pero muy pocos estudios y de escaso rigor científico. No es que haga daño, tiene características positivas, pero no se ha demostrado con la solidez necesaria”, explicó el dermatólogo José Luis Martínez Amo, miembro del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica (Gedet).
En la misma línea, el doctor Eduardo Fonseca Capdevila, jefe del Servicio de Dermatología del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña, reconoció que el aceite puede ayudar a mantener la piel hidratada y protegida en lesiones superficiales o tras puntos de sutura, pero aclaró que “en heridas grandes no es adecuado” y que “hay cosas mejores”.
Revisión reciente sobre cicatrizantes
Durante la reunión anual del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica, celebrada en Valencia, la dermatóloga Sara Gómez Armayones presentó una revisión científica sobre cicatrizantes. La conclusión fue clara: aunque algunos ensayos clínicos sugieren que la rosa mosqueta podría reducir el tamaño y enrojecimiento de cicatrices postquirúrgicas, la evidencia actual es insuficiente para recomendarla como tratamiento médico.
Los estudios disponibles son limitados y no cumplen con el rigor de ensayos de doble ciego. Por eso, los expertos insisten en que se necesita más investigación para confirmar sus efectos terapéuticos en la piel humana.
Alternativas con mayor respaldo científico
Los especialistas subrayan que existen métodos más efectivos y con evidencia sólida para tratar cicatrices. Entre ellos destacan:
- Siliconas (en apósitos, gel o spray): ayudan a prevenir cicatrices hipertróficas y queloides gracias a su poder oclusivo y a la inhibición de la proliferación bacteriana.
- Centella asiática: utilizada en productos dermatológicos por sus propiedades regeneradoras, puede combinarse con minerales como cobre, zinc y magnesio de efecto antiséptico, o con agentes calmantes como niacinamida, pantenol o bisabolol.
- Mantecas y aceites vegetales: mejoran la cicatrización, reducen la dermatitis y alivian afecciones inflamatorias gracias a su afinidad con los lípidos de la piel.
En conclusión, el aceite de rosa mosqueta puede ser un buen aliado cosmético para hidratar la piel y apoyar procesos leves de recuperación, pero no sustituye a tratamientos médicos probados para cicatrices más complejas o patologías cutáneas.
