Un trastorno poco conocido hace que el organismo produzca etanol en el intestino, provocando síntomas similares a una intoxicación alcohólica sin consumo de bebidas.
Aunque parezca improbable, existen personas que pueden presentar signos de ebriedad e incluso dar positivo en una prueba de alcoholemia sin haber ingerido alcohol. La causa es el llamado síndrome de la autocervecería, una afección rara en la que el propio cuerpo produce etanol.
Este trastorno, también conocido como síndrome de la destilería, ocurre cuando el intestino funciona como una pequeña fábrica de alcohol. En él, ciertas bacterias y levaduras fermentan los azúcares provenientes de los alimentos y generan alcohol que luego pasa al torrente sanguíneo.
El microbiólogo Ignacio López-Goñi, catedrático y divulgador científico de la Universidad de Navarra, explica que en personas sanas siempre se produce una mínima cantidad de alcohol por la acción normal de la microbiota intestinal. Sin embargo, cuando proliferan microorganismos específicos, los niveles pueden elevarse de forma anormal.
Según el especialista, esta situación suele estar relacionada con dietas ricas en azúcares y carbohidratos, así como con el uso de antibióticos que alteran el equilibrio de la flora intestinal. También es más frecuente en personas con obesidad, diabetes o enfermedad de Crohn, aunque puede presentarse en individuos sin patologías previas.
Pese a su rareza, el síndrome podría estar infradiagnosticado. De acuerdo con estimaciones de la Clínica Cleveland, existen menos de 100 casos documentados, aunque los investigadores sospechan que la cifra real podría ser mayor debido al desconocimiento médico sobre esta afección.
Síntomas que pueden confundirse con ebriedad
Los pacientes pueden experimentar desde manifestaciones leves hasta signos claros de intoxicación alcohólica. Entre los síntomas más comunes se incluyen confusión mental, torpeza, somnolencia, problemas de memoria y desinhibición. En casos más avanzados pueden aparecer dificultad para hablar, visión borrosa, pérdida del equilibrio, cambios de humor y vómitos.
Además, el síndrome puede acompañarse de molestias digestivas como dolor abdominal, hinchazón, gases, fatiga, sensibilidad a ciertos alimentos y alteraciones intestinales.
Microorganismos implicados
La afección se ha vinculado a la proliferación de levaduras de los géneros Candida y Saccharomyces, así como a bacterias como Klebsiella pneumoniae y Escherichia coli. Estas especies aprovechan los azúcares ingeridos para producir etanol dentro del organismo.
Un estudio reciente publicado en Nature Microbiology, realizado por investigadores del Hospital General Brigham de Massachusetts, analizó a pacientes con este síndrome y encontró que sus muestras fecales producían cantidades significativamente mayores de alcohol que las de personas sanas, lo que abre la puerta a nuevas herramientas diagnósticas.
La doctora Elizabeth Hohmann, coautora del estudio, señaló que estos hallazgos podrían facilitar diagnósticos más precisos y tratamientos más eficaces, mejorando la calidad de vida de quienes padecen esta condición.
Tratamiento y abordaje
El manejo del síndrome de la autocervecería suele combinar cambios en la dieta —reduciendo azúcares y aumentando proteínas— con el uso de antifúngicos o antibióticos. En casos más complejos, algunos pacientes han mostrado mejoría tras un trasplante de microbiota fecal, una terapia aún en evaluación.
Aunque poco frecuente, este trastorno recuerda la importancia de la microbiota intestinal en la salud y la necesidad de un mayor conocimiento médico para detectar a tiempo afecciones que pueden pasar desapercibidas.
