Expertos advierten que la evidencia científica es débil y que los riesgos superan los posibles beneficios
Santiago. – La faseolamina, un suplemento derivado de la alubia blanca (Phaseolus vulgaris) que se comercializa como “bloqueador de carbohidratos” o “carb blocker”, se ha popularizado en los últimos años como una supuesta ayuda para adelgazar. Sin embargo, tanto la Academia Española de Nutrición y Dietética como el Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas desaconsejan su consumo por falta de evidencia sólida y posibles efectos adversos.
Este compuesto actúa bloqueando parcialmente la enzima alfa-amilasa, responsable de iniciar la digestión de los almidones. En teoría, esto reduce la transformación de hidratos de carbono en azúcares absorbibles y, por tanto, la cantidad de calorías ingeridas. “En realidad, lo único que hace es interferir en parte con la digestión del almidón”, explicó el nutricionista Eduard Baladía, coordinador del Área de Gestión del Conocimiento Científico de la Academia.
El especialista subrayó que el suplemento no bloquea las grasas, como afirman algunos mensajes comerciales, y que su efecto sobre la pérdida de peso es muy limitado. “Los estudios son pequeños, de corta duración y con resultados inconsistentes. La evidencia no permite afirmar que ayude a adelgazar”, afirmó.
Pese a ello, la faseolamina ha ganado popularidad gracias a un marketing atractivo y al discurso simplificado de que “si absorbes menos carbohidratos, consumes menos calorías”. Este mensaje conecta con la creciente fobia a los hidratos en la población, según reveló un estudio de la Academia y la Fundación Mapfre, donde un 43% de los españoles reconoció eliminar carbohidratos de su dieta.
Aun así, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no ha autorizado ninguna declaración de salud que respalde su uso para el control de peso. Los ensayos más recientes con el extracto comercial Phase 2 tampoco han mostrado resultados concluyentes y, en muchos casos, han sido financiados por la propia industria.
Además de su escasa eficacia, el consumo de faseolamina puede generar efectos secundarios digestivos, como gases, hinchazón y heces más blandas. En pacientes con diabetes, el suplemento podría alterar la respuesta de la glucosa tras las comidas, lo que obligaría a un control más estrecho.
Aunque los estudios en animales no reportan problemas graves, la falta de investigaciones de largo plazo en humanos impide descartar riesgos menos frecuentes.
Para Baladía, lo más preocupante es el riesgo indirecto: “Confiar en un suplemento sin eficacia probada hace que las personas pierdan un tiempo valioso en lugar de adoptar estrategias que sí funcionan, como una dieta estructurada, cambios de estilo de vida, apoyo psicológico y, si es necesario, tratamientos médicos supervisados”.
En conclusión, los nutricionistas insisten en que la faseolamina no debe considerarse una solución válida para adelgazar, ya que sus beneficios son mínimos y la ciencia no respalda su uso. La recomendación sigue siendo optar por hábitos saludables y tratamientos avalados por la evidencia científica.
