Por Carlos Díaz
En política hay una máxima que nunca falla: la realidad siempre termina devorándose al relato. Durante meses, el equipo estratégico de David Collado intentó construir una narrativa de inevitabilidad en torno a su proyecto presidencial para el 2028, apoyados en una agresiva estrategia de encuestas que pretendía vender una ventaja inalcanzable. Sin embargo, el panorama interno en el Partido Revolutionary Moderno (PRM) ha dado un vuelco radical. Hoy, el «Davisismo» no solo luce estancado, sino sumido en una evidente desesperación debido a que las calles y la aritmética interna están desmantelando su libreto.
El punto de inflexión ha sido la salida simultánea a la plaza pública de Carolina Mejía y Wellington Arnaud. Ambos líderes han desatado una ofensiva territorial que tiene en jaque las aspiraciones de Collado. Lo alarmante para el equipo de David no es solo que sus competidores avancen, sino que lo están haciendo desvalijando sus propias estructuras. En las últimas semanas, diputados, alcaldes, regidores y vicealcaldes que orbitaban en el Davisismo han decidido bajarse de ese barco para integrarse a los proyectos rivales.
El crecimiento de Wellington Arnaud es una muestra palpable de músculo político y pulso estratégico. Arnaud acaba de dar un golpe contundente en San Cristóbal —provincia que disputa palmo a palmo con Carolina Mejía— al juramentar en sus filas al exalcalde José Montás. En el Distrito Nacional, la plaza histórica de Collado, Arnaud le arrebató al diputado Carlos Sánchez de la Circunscripción 3, sumando además al influyente líder Alexander Liz y a su regidor. Semanas antes, ya había propinado otro zarpazo en la Circunscripción 2 con la integración de la diputada Altagracia Almánzar de Ogando, consolidando así tres diputados en la capital (frente al esfuerzo de Collado con Caraballo en la Circunscripción 1). Por si fuera poco, la incorporación en Bonao del diputado y aspirante a senador Orlando Martínez —el legislador más votado de su provincia— representa un auténtico «palo de gallera» que desarma cualquier pretensión de hegemonía de los demás proyectos en el Cibao Central.
Por el otro lado, Carolina Mejía no se ha quedado atrás y ha respondido con artillería pesada de alto nivel institucional y sectorial. La designación de Ricardo de los Santos como su coordinador de campaña es una jugada maestra. De los Santos no solo aporta el peso simbólico y político de ser el presidente del Senado, sino una influencia territorial devastadora al presidir FENATRADO, el sindicato de transporte más poderoso del país. A esto se suma la reciente incorporación de figuras históricas y de peso orgánico como Eligio Jáquez y Jesús «Chú» Vásquez, inyectándole al proyecto de la alcaldesa una densidad partidaria de la que Collado carece.
Ante esta sangría de dirigentes clave, la respuesta del equipo de David Collado ha delatado su urgencia mediante una estrategia de comunicación que raya en el autoengaño. En días recientes, han anunciado con bombos y platillos la «incorporación» de figuras que, en realidad, ya formaban parte de su proyecto desde hace tiempo. Tratar de confundir a los electores y a las bases presentando a cercanos colaboradores como Yayo Sanz Lovatón u Olfany Méndez como si fueran nuevos adeptos independientes o provenientes de otros litorales, evidencia una preocupante falta de nuevos respaldos reales. Estrujar el mismo limón no produce más jugo; solo demuestra que se están quedando solos.
Los datos científicos ya empiezan a reflejar de manera fría lo que se vive en las provincias. El más reciente estudio de la firma Marketing Colografic ha desnudado las debilidades del proyecto de Collado. La encuesta revela un virtual empate técnico entre David Collado y Carolina Mejía, con un Wellington Arnaud pisando los talones en un sólido tercer lugar, mientras que Guido Gómez Mazara se erige en una cuarta posición competitiva sin haber salido formalmente a las calles.
Lo más preocupante para el Davisismo dentro de este estudio son las percepciones cualitativas de los perremeístas. La mayoría de los encuestados de las bases del PRM percibe a David Collado como un dirigente «alejado de las bases», un fantasma que siempre ha perseguido su carrera política debido a su estilo de gestión más corporativo que partidario. Asimismo, el estudio arroja que Collado concentra la mayor tasa de rechazo a nivel interno y que, en un escenario de lucha cerrada, los perremeístas ven poco probable que David logre agenciar el respaldo o la sumisión de liderazgos firmes como los de Wellington, Carolina o Guido. En contraste, son los proyectos de Arnaud y Mejía los que muestran la mayor expectativa de crecimiento y dinamismo.
Las encuestas enlatadas y los relatos de laboratorio pueden sostener una candidatura durante el invierno de la precampaña, pero cuando llega la primavera del activismo territorial, la verdad aflora. El proyecto de David Collado se ha quedado sin argumentos válidos porque apostó al aire mientras sus contrincantes conquistaban la tierra. En política, cuando las estructuras empiezan a moverse y las bases te perciben ajeno, no hay campaña de relaciones públicas que pueda detener el avance de la realidad.
