La genética, la tolerancia y los hábitos de consumo influyen en que la cafeína no siempre tenga un efecto estimulante
Para muchas personas, el café es sinónimo de energía y un ritual imprescindible para comenzar el día. Sin embargo, no todos experimentan el mismo efecto. En algunos casos, lejos de despertar, esta bebida puede provocar somnolencia, cansancio o una sensación de “bajón”, una reacción más común de lo que suele pensarse.
Especialistas en nutrición explican que esta respuesta paradójica al café puede deberse a varios factores. “Hay personas que, tras consumir cafeína, sienten sueño en lugar de activación. A veces es una reacción directa del organismo y, en otras, ocurre porque el café solo oculta la fatiga durante un corto periodo; cuando pasa su efecto, el cansancio aparece con más fuerza”, explica Vicente Clemente, profesor de nutrición de la Universidad Europea.
La cafeína actúa bloqueando la adenosina, una sustancia que se acumula a lo largo del día y envía al cerebro la señal de que es momento de descansar. Al inhibirla, se reduce la sensación de sueño y se incrementa el estado de alerta. No obstante, los expertos advierten que la cafeína no genera energía real, sino que disimula temporalmente el agotamiento.
“Si existe una deuda importante de sueño, el cuerpo termina pasándolo factura”, señala Clemente. Esto explica por qué algunas personas sienten cansancio intenso tras el efecto inicial del café.
La genética juega un papel clave en esta respuesta. Hay quienes metabolizan la cafeína muy rápido y otros en quienes permanece más tiempo en el organismo. Además, la sensibilidad varía: mientras algunos experimentan nerviosismo o aumento del pulso, otros notan alteraciones en el sueño o incluso mayor somnolencia.
El consumo habitual también influye. Tomar café todos los días puede generar tolerancia, haciendo que la dosis habitual ya no tenga el mismo efecto estimulante. En estos casos, el cuerpo se acostumbra y el café deja de “activar”, limitándose a devolver a la persona a su estado normal.
Otro fenómeno común es la llamada “abstinencia encubierta”. Cuando el organismo se habitúa a la cafeína, una reducción en su consumo puede provocar fatiga o dolor de cabeza. Así, el café no produce un aumento de energía, sino que simplemente evita los síntomas del cansancio acumulado.
El momento del día en que se consume también es determinante. Beber café en horas tardías puede fragmentar el sueño, reducir la calidad del descanso y generar un despertar más pesado al día siguiente, aumentando la dependencia de nuevas dosis.
La cantidad ingerida y el tipo de café son otros factores relevantes. “Dosis pequeñas pueden producir una activación suave, pero cantidades altas suelen generar nerviosismo seguido de un bajón”, advierte Clemente. Además, la cantidad real de cafeína varía según el método de preparación: no es lo mismo un espresso que un café filtrado grande o un cold brew.
Los expertos alertan sobre algunas señales de que el café está afectando negativamente el descanso, como dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes, sensación de no haber descansado o necesidad constante de aumentar la dosis para sentir algún efecto.
También son indicadores el cansancio o dolor de cabeza cuando se retrasa la primera taza del día y el patrón repetido de “café para arrancar” por la mañana seguido de un fuerte bajón a media tarde.
Ante estos síntomas, los especialistas recomiendan revisar hábitos de sueño, reducir el consumo de cafeína y prestar atención a cómo responde el cuerpo, recordando que el café no sustituye un descanso adecuado.
