Especialistas explican que la forma de prepararlo influye directamente en sus propiedades antioxidantes y digestivas
El ajo es uno de los alimentos más valorados dentro de una alimentación saludable por sus múltiples beneficios para el organismo, especialmente por su aporte al sistema inmunológico. Sin embargo, expertos aseguran que no siempre se consume de la manera correcta para aprovechar todas sus propiedades.
Según la dietista-nutricionista Erika Maestro, del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad de Madrid, el principal compuesto activo del ajo es la alicina, una sustancia con propiedades antimicrobianas y antioxidantes que ha sido relacionada con el fortalecimiento del sistema inmunitario.
La especialista explica que esta sustancia no se encuentra de forma activa en el ajo entero, sino que se genera cuando el alimento se machaca o se tritura, ya que ese proceso activa una enzima llamada alinasa, responsable de producir la alicina.
Por esta razón, consumir el ajo entero o simplemente cortado no ofrece el mismo efecto beneficioso. Para obtener mejores resultados, se recomienda aplastarlo o triturarlo antes de ingerirlo.
Además, los expertos sugieren esperar aproximadamente 10 minutos después de machacarlo antes de consumirlo o cocinarlo, ya que este tiempo permite que la alicina se forme de manera más efectiva.
El ajo crudo machacado es la opción que mejor conserva sus compuestos bioactivos, aunque no siempre resulta fácil de tolerar por su sabor fuerte y por la posible irritación digestiva que puede provocar en algunas personas.
Como alternativa más práctica, se aconseja machacarlo, dejarlo reposar unos minutos y luego cocinarlo a baja temperatura. Esto se debe a que la alicina comienza a destruirse cuando supera los 60 grados centígrados, por lo que cocinarlo a fuego alto reduce considerablemente sus beneficios.
Una práctica común como agregar ajo directamente al aceite muy caliente puede disminuir notablemente sus propiedades saludables, por lo que se recomienda evitar este método si se busca un mayor aprovechamiento nutricional.
No obstante, no todas las personas toleran bien el ajo. Su contenido de azúcares fermentables y compuestos azufrados puede causar molestias digestivas en personas con gastritis, disbiosis, sobrecrecimiento bacteriano o sensibilidad intestinal.
Los especialistas advierten que consumir grandes cantidades no aporta más beneficios y, por el contrario, puede generar irritación de mucosas, malestar digestivo y el conocido problema del mal aliento.
Finalmente, recuerdan que el ajo debe entenderse como un ingrediente dentro de una dieta equilibrada, como la mediterránea, y no como un remedio milagroso aislado. Su verdadero valor está en formar parte de un patrón de alimentación saludable y sostenido en el tiempo.
