Las altas temperaturas registradas durante el verano no solo incrementan la sensación de calor, sino que también elevan el riesgo de padecer diversas infecciones y enfermedades asociadas a la exposición prolongada al calor, según advierten especialistas en salud pública.
El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) alertan que las olas de calor, cada vez más frecuentes e intensas, crean condiciones favorables para la proliferación de bacterias, virus y otros agentes que pueden afectar la salud.
Entre las afecciones más comunes durante esta época destacan las intoxicaciones alimentarias. Las altas temperaturas favorecen el crecimiento de bacterias en los alimentos, aumentando el riesgo de enfermedades como la salmonelosis y otras gastroenteritis. Los expertos recomiendan mantener una adecuada refrigeración de los alimentos, extremar la higiene en la cocina y lavar correctamente frutas y verduras para reducir el riesgo de contagio.
Otra enfermedad que puede aumentar durante el verano es la vibriosis, una infección causada por bacterias del género Vibrio, presentes en aguas costeras cálidas y de baja salinidad. Para prevenirla, se aconseja evitar el contacto con estas aguas si se tienen heridas abiertas y consumir mariscos únicamente cuando hayan sido bien cocinados.
Asimismo, las condiciones climáticas favorecen la expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue, el chikungunya y el virus del Nilo Occidental. Para reducir el riesgo, los especialistas recomiendan utilizar repelentes, vestir ropa de manga larga cuando sea posible, instalar mosquiteros y eliminar recipientes con agua estancada donde puedan reproducirse estos insectos.
Las garrapatas también representan un mayor riesgo durante los meses de calor, ya que pueden transmitir enfermedades como la enfermedad de Lyme o la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. Los expertos aconsejan usar ropa que cubra la mayor parte del cuerpo durante actividades al aire libre y revisar la piel, el cabello y la ropa al regresar a casa.
Además de las infecciones, las altas temperaturas pueden provocar problemas directamente relacionados con el calor. Entre ellos se encuentran los calambres, erupciones cutáneas, desmayos, agotamiento por calor y el golpe de calor, considerado una emergencia médica que requiere atención inmediata. Una temperatura corporal superior a los 40 grados Celsius, acompañada de alteraciones en el estado de conciencia, constituye una señal de alarma.
Las personas mayores de 65 años, quienes padecen enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes u obesidad, así como quienes toman determinados medicamentos que favorecen la deshidratación, forman parte de los grupos más vulnerables frente a estas condiciones.
Los especialistas también advierten que el consumo de alcohol y drogas aumenta el riesgo de sufrir complicaciones relacionadas con el calor debido a que afectan la capacidad del organismo para regular su temperatura.
Como medida preventiva, los expertos recomiendan acostumbrar gradualmente al cuerpo a las altas temperaturas, mantenerse bien hidratado, evitar la exposición al sol durante las horas de mayor intensidad, permanecer en lugares frescos y ventilados, y prestar especial atención a las personas de mayor riesgo durante los días de calor extremo.
