Santiago.– La última comida del día tiene un impacto mucho mayor en la salud de lo que comúnmente se piensa. Investigaciones recientes han demostrado que la cena influye directamente en la calidad del sueño, la regulación de la glucosa en sangre y la sensibilidad a la insulina, factores determinantes en la prevención de la diabetes.
Un estudio en el que participó la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) analizó el comportamiento de 33 personas con sobrepeso u obesidad y diagnóstico de prediabetes. Los voluntarios llevaron monitores continuos de glucosa y siguieron dietas controladas en horarios y composición nutricional, comprobándose que los niveles de azúcar en la mañana siguiente dependían en gran medida de la cena realizada la noche anterior.
Los resultados, publicados en la revista Nutrients, revelan que no solo importa la cantidad de hidratos de carbono ingeridos, sino también la hora de la ingesta y el contenido nutricional global.
“La distribución de carbohidratos y calorías en la última comida debe ajustarse según la sensibilidad a la insulina de cada paciente”, explicó Diana Díaz-Rizzolo, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y autora del trabajo.
La especialista destacó que los monitores de glucosa permiten personalizar las recomendaciones dietéticas, ajustando el tratamiento alimenticio o farmacológico en función de la respuesta posprandial de cada persona.
Otro factor clave es el cronotipo, es decir, si el individuo es más activo en la mañana o en la noche. Según Díaz-Rizzolo, el “reloj biológico interno” influye en el metabolismo nocturno de la glucosa, lo que hace necesario personalizar aún más las recomendaciones según el perfil circadiano.
En términos prácticos, la investigadora recomienda controlar la carga glucémica de la cena, evitar un exceso de carbohidratos y priorizar un aporte calórico mayor durante el desayuno y la comida.
Asimismo, se aconseja cenar temprano y ligero. Un estudio previo publicado en Nutrition & Diabetes demostró que consumir más del 45% de las calorías diarias después de las 5:00 de la tarde se asocia a niveles elevados de glucosa en sangre, con consecuencias negativas para la salud.
Los especialistas coinciden en que trasladar la mayor parte del consumo energético a las primeras comidas del día y mantener una cena liviana es una de las estrategias más efectivas para prevenir el desarrollo de diabetes tipo 2.
En conclusión, el control de la glucosa no depende solo de reducir carbohidratos, sino también de cuándo y cómo se cena, convirtiendo la última comida del día en un punto clave para la salud metabólica.
