El tratamiento con luz roja muestra un gran potencial en el manejo de diversas enfermedades de la piel, aunque no se trata de una solución milagrosa. La investigación científica está comenzando a revelar en qué casos es más efectiva, sus aplicaciones más allá de la dermatología y la estética, así como los posibles riesgos asociados.
La terapia de luz roja o infrarroja ofrece múltiples aplicaciones potenciales, pero no todas han sido suficientemente evaluadas, y su uso no está exento de riesgos. Por ello, es importante informarse adecuadamente y no utilizarla sin la debida indicación y supervisión médica.
Este tratamiento emergente emplea lámparas que emiten luz roja e infrarroja en el espectro de entre 600 y 950 nanómetros (nm). Aunque aún no se comprenden completamente los mecanismos que generan sus efectos en el cuerpo, se cree que actúa sobre las mitocondrias, conocidas como las centrales energéticas de las células. Esto podría traducirse en una mayor actividad de ciertas reacciones metabólicas celulares, lo que en la piel y otros tejidos podría estimular procesos como:
- Producción de colágeno, que aporta estructura, fuerza y elasticidad a la piel.
- Mejora de la circulación sanguínea.
- Reducción de la inflamación.
Luz roja para enfermedades de la piel
Las condiciones dermatológicas que podrían beneficiarse de esta terapia incluyen:
- Cicatrización de heridas.
- Acné.
- Reducción de arrugas.
- Mejora de la textura de la piel.
- Psoriasis.
- Rosácea.
- Eccema.
- Reducción de la caída del cabello.
Sin embargo, dermatólogos y expertos subrayan que todavía no hay suficientes evidencias científicas para recomendar esta terapia como primera opción para tratar estas dolencias. Por ejemplo, una revisión sistemática publicada en el Journal of Cosmetic Dermatology no encontró mejoras estadísticamente significativas de la terapia de luz roja en comparación con los tratamientos convencionales para el acné.
Tratamiento del dolor y rehabilitación de lesiones
La luz roja también está siendo investigada en otras áreas, como la reducción del dolor, las enfermedades reumáticas y la rehabilitación de lesiones deportivas. Los resultados son variados. Un metaanálisis publicado en el European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education mostró que la terapia con luz infrarroja es eficaz en la reducción del dolor en pacientes con trastornos musculoesqueléticos y en la mejora del estado general en personas con fibromialgia, aunque no se encontraron beneficios en la recuperación muscular tras una lesión deportiva.
Seguridad de la terapia de luz roja
En general, la terapia con luz roja es bastante segura cuando se usa adecuadamente, ya que no es invasiva ni tóxica. A diferencia de la luz ultravioleta (UV), no se ha asociado con un mayor riesgo de cáncer. Sin embargo, el uso excesivo o sin la debida indicación puede causar lesiones en la piel y los ojos (si no se protegen adecuadamente). Además, la seguridad a largo plazo de los dispositivos utilizados para esta terapia aún no ha sido completamente evaluada.
Luz roja para la miopía: un tratamiento polémico
Diversos estudios científicos realizados en China sugieren que la luz roja podría ser útil para corregir la miopía en niños, una condición que ha aumentado considerablemente en muchos países. Sin embargo, los oftalmólogos advierten que se trata de un tratamiento experimental cuya eficacia no está probada y cuya seguridad ha sido cuestionada.
La Academia Americana de Oftalmología indica que los primeros estudios «parecen prometedores», pero señala que existe preocupación de que este tratamiento pueda dañar la visión de los niños si no se administra con precaución. En particular, se ha observado que podría «causar daño en la retina».
Aunque se ha demostrado que este tratamiento «aumenta el flujo sanguíneo en los tejidos del ojo», aún se desconoce cómo podría funcionar para tratar la miopía, según los expertos de la sociedad científica estadounidense.