Por HUMBERTO CONTRERAS VIDAL
Las vitaminas son sustancias químicas orgánicas indispensables para la vida. Se requieren en cantidades muy pequeñas. Las mismas participan en innumerables procesos relacionados con el crecimiento, la producción de energía, la inmunidad, la reparación de tejidos y el mantenimiento de la salud. Cuando una vitamina falta o se encuentra en cantidades insuficientes, pueden aparecer alteraciones metabólicas y enfermedades específicas asociadas a su deficiencia.
Desde el punto de vista químico, las vitaminas pertenecen al grupo de los compuestos orgánicos, es decir, sustancias cuya estructura está formada principalmente por átomos de carbono combinados con hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y otros elementos. Sin embargo, no todas las vitaminas tienen la misma estructura química. Algunas contienen grupos alcohol (-OH), otras poseen grupos ácidos (-COOH), aminas (-NH₂), cetonas (C=O) o estructuras mucho más complejas.
Los químicos denominan grupos funcionales a las partes de una molécula responsables de sus propiedades químicas y físicas (pueden compararse con el apellido de una familia, ya que permiten clasificar muchas sustancias en grupos con propiedades químicas semejantes). Así, por ejemplo, la vitamina C contiene varios grupos hidroxilo que favorecen su solubilidad en agua; la vitamina B3 o niacina posee un grupo ácido carboxílico; la vitamina B6 contiene grupos hidroxilo y amina; mientras que la vitamina D pertenece a una familia química completamente distinta, derivada de los esteroides. Esta diversidad estructural explica por qué cada vitamina desempeña funciones diferentes dentro del organismo.
Es conveniente recordar que las vitaminas suelen clasificarse en dos grandes grupos según su capacidad para disolverse en agua o en grasas.
Las vitaminas hidrosolubles son aquellas que se disuelven fácilmente en agua. En este grupo se encuentran la vitamina C y todas las vitaminas del complejo B, como la B1 (tiamina), B2 (riboflavina), B3 (niacina), B6 (piridoxina), B9 (ácido fólico) y B12 (cobalamina). Como el organismo almacena cantidades limitadas de estas vitaminas, es necesario incluirlas regularmente en la alimentación.
Las vitaminas liposolubles son aquellas que se disuelven en grasas y aceites. Forman parte de este grupo las vitaminas A, D, E y K. Estas pueden almacenarse durante períodos prolongados en el hígado y en el tejido adiposo, razón por la cual tanto su déficit como su exceso pueden tener importancia clínica.
Entre todas las vitaminas, la vitamina D ocupa un lugar especial. Mientras que la mayoría deben obtenerse a través de los alimentos, el organismo humano tiene la capacidad de producir vitamina D cuando la piel es expuesta a la radiación ultravioleta procedente de la luz solar. Incluso cuando una persona viste ropa, la síntesis puede mantenerse siempre que existan zonas corporales descubiertas como el rostro, el cuello, las manos o los antebrazos. En un país tropical como la República Dominicana, la luz solar constituye una fuente natural importante para la producción de esta vitamina. La influencia del tipo de ropa sobre la producción de vitamina D constituye un tema interesante que merece un análisis independiente.
Desde el punto de vista químico, la vitamina D pertenece al grupo de los secosteroides, moléculas derivadas de los esteroides. Su síntesis comienza a partir del 7-deshidrocolesterol, una sustancia presente en la piel y estrechamente relacionada con el colesterol. Cuando la radiación ultravioleta actúa sobre esta molécula, se produce una transformación fotoquímica que origina la vitamina D3 o colecalciferol.
La producción de vitamina D utiliza como materia prima un derivado del colesterol, poniendo de manifiesto que el colesterol no es únicamente una sustancia asociada al riesgo cardiovascular, sino también una molécula fundamental para la vida. Dicho de otra forma, el organismo emplea derivados del colesterol para fabricar hormonas, ácidos biliares y vitamina D; lo cual forma parte de los mecanismos mediante los cuales el organismo sintetiza sustancias indispensables para la vida.
Posteriormente, la vitamina D3 producida en la piel es transformada en el hígado en calcidiol y, posteriormente, en los riñones se convierte en calcitriol, una sustancia con actividad hormonal que regula la absorción intestinal de calcio y fósforo y participa en numerosas funciones biológicas.
¿Es lo mismo vitamina D que vitamina D3?
La respuesta es no. La expresión «vitamina D» constituye un término genérico que engloba varias moléculas relacionadas químicamente. La vitamina D3, también conocida como colecalciferol, es una de ellas y corresponde a la forma que produce naturalmente el organismo humano bajo la acción de la luz solar. Por tanto, toda vitamina D3 es vitamina D, pero no toda vitamina D es vitamina D3.
Además de encontrarse en algunos alimentos de origen animal, la vitamina D3 es la forma que el cuerpo humano sintetiza de manera natural y la que con mayor frecuencia aparece en suplementos nutricionales modernos.
¿Existen otras vitaminas D?
La respuesta es sí. La forma más conocida después de la vitamina D3 es la vitamina D2 o ergocalciferol, que se produce principalmente en hongos y levaduras a partir del ergosterol cuando estas especies son expuestas a radiación ultravioleta (a la luz del sol).
La investigación científica ha demostrado que tanto la vitamina D2 como la vitamina D3 pueden corregir estados de deficiencia. Sin embargo, diversos estudios han sugerido que la vitamina D3 suele producir elevaciones más estables y prolongadas en los niveles sanguíneos de vitamina D.
También se han descrito otras formas menos conocidas, como las vitaminas D4, D5, D6 y D7. No obstante, estas poseen una importancia nutricional y clínica mucho menor en el ser humano.
⚗️Continuará…⚗️
En la próxima entrega se hará una observación que implica un debate de interés científico y económico en torno a la vitamina D3.
