Especialistas explican que no todos los tipos de fibra tienen el mismo efecto y que la clave está en combinarlos adecuadamente
El cuidado de la microbiota intestinal se ha convertido en uno de los pilares de la salud moderna, pero los expertos advierten que no basta con aumentar el consumo de fibra sin criterio. La clave, aseguran, está en elegir bien los tipos de fibra y combinarlos de forma adecuada.
Durante un encuentro científico celebrado en España, el investigador Fermín Milagro, del Centro de Investigación en Nutrición y profesor de la Universidad de Navarra, destacó que uno de los errores más comunes es pensar que toda la fibra funciona igual en el organismo.
“El concepto correcto es hablar de fibras, en plural”, explicó el especialista, al señalar que cada tipo influye de manera distinta en los microorganismos del intestino y puede generar efectos complementarios.
Entre los distintos tipos, existen fibras más fermentables, como la inulina, que favorecen la producción de compuestos beneficiosos, aunque en algunas personas pueden provocar molestias digestivas. Otras, como los betaglucanos, presentan efectos diferentes y suelen ser mejor toleradas.
La ciencia también ha cambiado su enfoque en este campo. Más allá de identificar qué bacterias habitan en el intestino, ahora el interés se centra en su funcionamiento. Es decir, en las sustancias que producen, como el butirato, conocido por sus propiedades antiinflamatorias y su posible relación con la prevención de enfermedades.
En la práctica, los expertos recomiendan apostar por una dieta variada. Incluir alimentos de distintos colores es una estrategia sencilla para asegurar la ingesta de diversos tipos de fibra y compuestos como los polifenoles. Esto implica combinar frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales de forma regular.
Sin embargo, advierten que gran parte de la población no alcanza los niveles recomendados de fibra. Además, algunas tendencias actuales, como el aumento del consumo de proteínas, podrían desplazar alimentos ricos en fibra y afectar negativamente la salud intestinal.
Los especialistas también alertan sobre los excesos. Incrementar la ingesta de fibra de manera brusca puede provocar gases o hinchazón, por lo que recomiendan hacerlo de forma progresiva, especialmente en personas con problemas digestivos.
Asimismo, destacan que la salud de la microbiota no depende únicamente de la fibra. Los alimentos fermentados, como el yogur o el kéfir, también contribuyen a mejorar su diversidad, un indicador clave de bienestar intestinal.
Finalmente, los expertos insisten en que no existen soluciones únicas. La alimentación debe abordarse de manera integral y adaptada a cada persona, ya que cada microbiota responde de forma diferente, lo que abre paso al desarrollo de la llamada nutrición de precisión.
