La etapa previa a la menopausia puede extenderse por años y presenta síntomas físicos y hormonales que muchas mujeres desconocen
La perimenopausia, una etapa previa a la menopausia, puede prolongarse durante varios años y generar diversos cambios en el cuerpo femenino que suelen pasar desapercibidos o confundirse con otras condiciones, según explican especialistas en salud hormonal.
Este periodo abarca desde las primeras alteraciones en el ciclo menstrual hasta un año después de la última menstruación, momento en el que se considera que inicia formalmente la menopausia. Durante este tiempo, el organismo experimenta importantes fluctuaciones hormonales, especialmente en los niveles de estrógenos.
De acuerdo con expertos, estas variaciones pueden provocar síntomas como sangrados abundantes, dolor en los senos, palpitaciones y cambios a nivel cerebral, además de ciclos irregulares en los que incluso puede no producirse ovulación.
Asimismo, la salud digestiva juega un papel clave en esta etapa, ya que la microbiota influye directamente en la regulación hormonal. Problemas digestivos o inflamación pueden agravar los síntomas debido a un aumento en los niveles de estrógenos.
En contraste, al llegar la menopausia, los niveles hormonales disminuyen considerablemente, lo que provoca que el cuerpo tienda a almacenar más energía y grasa, dificultando el control del peso incluso en mujeres con hábitos alimenticios estables.
Especialistas señalan que la actividad física es fundamental para contrarrestar estos efectos, recomendando mantener una rutina de ejercicio desde etapas previas para facilitar la adaptación del organismo a estos cambios.
También advierten sobre el aumento de la resistencia a la insulina, lo que puede generar picos de azúcar en sangre y favorecer el aumento de peso. En este sentido, sugieren priorizar una alimentación rica en proteínas y moderar el consumo de azúcares.
Otro aspecto relevante es el impacto del estrés, que puede intensificarse durante esta etapa y desencadenar síntomas como sofocos o sudoración, debido a la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina.
El sueño también puede verse afectado, ya que las alteraciones hormonales interfieren en la regulación de la melatonina, lo que influye tanto en el descanso como en el apetito y los niveles de energía.
Finalmente, la sequedad en las mucosas es otro síntoma frecuente, que puede ser aliviado en parte mediante una alimentación adecuada rica en vitaminas como la A y la E, contribuyendo así a mejorar la calidad de vida durante esta etapa.
