Sal, azúcar, arroz, harinas refinadas y leche no son tóxicos, pero su abuso sí puede afectar la salud, advierte experto en ciencia de los alimentos
En redes sociales y cadenas informativas circula con frecuencia el llamado mito de los cinco “venenos blancos”, una lista que señala a varios alimentos comunes como supuestamente dañinos para el organismo. Sin embargo, especialistas en nutrición aseguran que esta afirmación es engañosa y carece de rigor científico.
El doctor Miguel Ángel Lurueña, experto en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, explica que ninguno de estos productos puede considerarse tóxico por sí mismo, y que el verdadero problema está en el exceso.
“El hecho de que no se recomiende consumir azúcar, sal o harinas refinadas en grandes cantidades no significa que sean venenos. La clave siempre está en la dosis”, señala el especialista.
El origen del mito parte de una recomendación válida: priorizar cereales integrales sobre los refinados. Sin embargo, con el tiempo se amplió sin criterio hasta incluir arroz blanco, azúcar, sal y leche, mezclando alimentos muy distintos solo por su color.
En el caso del azúcar, los expertos recuerdan que aporta energía sin nutrientes esenciales, conocidas como “calorías vacías”. Su consumo elevado se asocia con obesidad, enfermedades cardiovasculares y problemas metabólicos.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares añadidos no superen el 10 % de las calorías diarias, e idealmente menos del 5 %, lo que equivale aproximadamente a 20 a 50 gramos al día.
Respecto a la sal, aunque el sodio es esencial para el funcionamiento del cuerpo, su exceso está vinculado a hipertensión, infartos y accidentes cerebrovasculares. La OMS sugiere no pasar de 5 gramos diarios, una cifra que muchas personas superan con facilidad.
El arroz blanco y las harinas refinadas, por su parte, pierden gran parte de su fibra, vitaminas y minerales durante el procesamiento. Por ello se recomienda optar con mayor frecuencia por versiones integrales, que ayudan a regular la glucosa y favorecen la digestión.
No obstante, los especialistas aclaran que consumir estos productos ocasionalmente no representa un peligro, siempre que se mantenga una dieta equilibrada.
En cuanto a la leche, es quizá el alimento más injustamente incluido en esta lista. Aunque no es indispensable —ya que sus nutrientes pueden obtenerse de otros alimentos—, no existen pruebas de que sea dañina para la población general.
Además, procesos como la pasteurización o esterilización no eliminan sus beneficios nutricionales, sino que la hacen más segura para el consumo.
Los expertos coinciden en que ningún alimento debe demonizarse de forma aislada, y que la salud depende del conjunto de hábitos alimenticios y del equilibrio en las porciones.
El mensaje clave, aseguran, es aprender a moderar el consumo de productos refinados y priorizar opciones más naturales, sin caer en mitos alarmistas.
En definitiva, los llamados “venenos blancos” no son sustancias peligrosas, sino alimentos comunes que, como muchos otros, deben consumirse con mesura.
