Expertos advierten que retirar la parte visible no siempre elimina el peligro, ya que las toxinas pueden extenderse al interior del producto.
El moho en frutas, verduras y otros alimentos es una situación común en muchos hogares. Ante esta escena, muchas personas optan por retirar la parte afectada y consumir el resto, creyendo que así eliminan cualquier riesgo para la salud. Sin embargo, especialistas señalan que esta práctica no siempre es segura.
Médicos y divulgadores científicos explican que el moho visible es solo una parte del problema, ya que sus “raíces” pueden extenderse profundamente dentro del alimento, aunque no se perciban a simple vista.
Esto ocurre con mayor frecuencia en productos de pulpa blanda, como fresas, tomates o melocotones, donde la contaminación puede abarcar gran parte del interior aunque solo se observe una pequeña mancha externa.
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición advierte que la presencia de moho indica deterioro del alimento y posible producción de micotoxinas, sustancias tóxicas capaces de provocar desde molestias digestivas hasta daños más graves en órganos como el hígado o los riñones.
Estas toxinas pueden generar síntomas como náuseas, dolor estomacal y diarrea, y si se consumen de manera repetida, aumentar el riesgo de enfermedades crónicas, incluso ciertos tipos de cáncer.
El organismo sanitario señala que las micotoxinas pueden aparecer a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde los cultivos hasta los alimentos procesados, afectando cereales, frutas, verduras, frutos secos, café, cacao, especias y productos derivados como pan, jugos, queso o cereales de desayuno.
Ante la duda de si se puede salvar un alimento con moho, los expertos indican que en la mayoría de los casos lo más seguro es desecharlo por completo, especialmente cuando se trata de productos blandos o de hojas verdes como lechuga, pepino o tomate.
En algunos alimentos de pulpa firme —como zanahorias, nabos o calabaza— podría retirarse la zona afectada, siempre cortando varios centímetros alrededor del moho, evitando tocarlo con el cuchillo y lavando bien el resto antes de consumirlo.
Aun así, los especialistas insisten en que son pocos los casos realmente seguros y que no conviene arriesgar la salud por aprovechar un alimento contaminado.
La recomendación general de las agencias alimentarias es clara: cuando hay moho visible, lo más prudente es tirar el producto, especialmente si no se conoce el grado de contaminación interna.
Este cuidado es fundamental para prevenir intoxicaciones y problemas de salud a largo plazo.
Mantener una correcta conservación de los alimentos, revisar fechas de caducidad y almacenarlos adecuadamente ayuda a reducir la aparición de moho en casa.
En temas de seguridad alimentaria, la prevención y la precaución siguen siendo la mejor decisión.
Lo que parece una simple mancha puede esconder riesgos mayores para el organismo.
