Aunque el picor suele asociarse de forma inmediata a problemas dermatológicos, especialistas en salud advierten que este síntoma también puede ser una señal de alerta de enfermedades que afectan a otros órganos del cuerpo. El prurito, como se le conoce médicamente, podría ser clave para detectar a tiempo patologías metabólicas, neurológicas, hepáticas o incluso trastornos psicológicos.
El picor se define como una sensación molesta en la piel que provoca la necesidad de rascarse y es común en afecciones como la dermatitis atópica, la urticaria, la psoriasis o la sarna. Sin embargo, según explica Jenny Dávalos Marín, coordinadora del Grupo de Trabajo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), también puede originarse por agentes externos como productos de limpieza, cosméticos, perfumes o picaduras de insectos, que dañan la integridad cutánea.
No obstante, los especialistas insisten en que el prurito no siempre tiene su origen en la piel. “Puede ser el hilo del que tirar para diagnosticar enfermedades de diversa gravedad”, señala Dávalos en declaraciones recogidas por CuídatePlus. En las consultas de atención primaria, el picor es uno de los motivos más frecuentes de visita médica y, en muchos casos, afecta seriamente la calidad de vida del paciente, interfiriendo con el sueño, el descanso y el estado de ánimo.
Entre las enfermedades no dermatológicas que pueden manifestarse a través del picor se encuentran la insuficiencia renal crónica, enfermedades hepáticas, trastornos tiroideos, linfomas, diabetes, cirrosis biliar primaria y algunos tumores neuroendocrinos. También puede aparecer como efecto secundario de determinados medicamentos, como antibióticos, antihipertensivos o antidepresivos.
La especialista aclara que el tipo de picor y la presencia de otros síntomas varían según la patología. En el caso de la diabetes, por ejemplo, el prurito suele estar relacionado con la sequedad extrema de la piel, la mala circulación o la neuropatía. En las enfermedades hepáticas, en cambio, el picor suele ser intenso y no presenta lesiones cutáneas visibles.
Además, el prurito también puede tener un origen psicológico o psiquiátrico. La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) señala que puede aparecer sin lesiones en la piel en pacientes con depresión, trastornos obsesivo-compulsivos o delirio de parasitosis. El estrés es otro factor frecuente, especialmente en mujeres de entre 15 y 40 años, debido a cambios en el flujo sanguíneo, la temperatura de la piel y la liberación de histamina.
Los expertos coinciden en que el picor es un síntoma infravalorado e infratratado, por lo que recomiendan no ignorarlo. Su correcta evaluación, subrayan, requiere un abordaje integral que incluya tanto el aspecto médico como el psicológico, ya que puede aportar información clave para el diagnóstico, pronóstico y control de diversas enfermedades.
