El consumo de alcohol está vinculado a múltiples enfermedades, entre ellas varios tipos de cáncer, y la evidencia científica es clara: cuanto mayor y más prolongado es el consumo a lo largo de los años, mayor es el riesgo para la salud. Esta relación resulta especialmente relevante en el caso del cáncer colorrectal.
Especialistas coinciden en que no existe un consumo seguro de alcohol. No se ha demostrado una cantidad mínima que aporte beneficios a la salud y, por el contrario, su ingesta se asocia con un aumento del riesgo de desarrollar cáncer. De acuerdo con datos del Ministerio de Sanidad, el alcohol incrementa la probabilidad de padecer cáncer en la cavidad oral, faringe, esófago, hígado, laringe, colon, recto y mama.
En los hombres, el tipo de cáncer más frecuentemente asociado al consumo de alcohol es el colorrectal, mientras que en las mujeres destaca el cáncer de mama. Esta relación se mantiene incluso en niveles considerados bajos o moderados de ingesta.
El doctor Jesús Rodríguez Pascual, director del Instituto Oncológico Vithas Madrid, explica que el riesgo de cáncer en personas que beben alcohol puede aumentar entre 1.2 y 1.5 veces en comparación con quienes no consumen. Aunque no se trata del factor de riesgo más determinante, advierte que el peligro se multiplica cuando se combina con otros elementos como el tabaquismo.
Un estudio reciente publicado en la revista Cancer refuerza estas conclusiones al señalar que las personas que consumen más de 14 bebidas alcohólicas por semana presentan un 25 % más de riesgo de desarrollar cáncer colorrectal y hasta un 95 % más de probabilidades de que el tumor se localice en el recto.
Según el oncólogo Joseba Rebollo, de los hospitales Quirónsalud de Torrevieja y Murcia, mantener un consumo elevado de alcohol durante toda la vida adulta se asocia con un 91 % más de riesgo de padecer esta enfermedad, en comparación con bebedores ligeros constantes.
No obstante, el estudio también aporta un mensaje alentador: abandonar el consumo de alcohol puede reducir el riesgo, hasta acercarlo al de personas con ingestas leves, ayudando a frenar la progresión de pólipos hacia cáncer.
Los expertos subrayan que el riesgo es dosis-dependiente. Se estima que por cada 10 gramos de alcohol puro consumidos al día —aproximadamente una bebida estándar— el riesgo de cáncer colorrectal aumenta entre un 7 % y un 10 %. Incluso consumos considerados moderados, de 15 a 30 gramos diarios, se asocian con incrementos del riesgo cercanos al 16 %.
Además del alcohol, existen otros factores que influyen en el desarrollo del cáncer de colon. Algunos no son modificables, como la edad, los antecedentes familiares, ciertas enfermedades hereditarias, la diabetes tipo 2 o la enfermedad inflamatoria intestinal.
Sin embargo, los especialistas destacan que la prevención juega un papel clave. En países como España, considerados de alto riesgo por el aumento de casos —incluso en menores de 50 años—, se recomienda participar en programas de cribado a partir de esa edad, como el test de sangre oculta en heces cada uno o dos años, y la colonoscopia en casos indicados.
En el día a día, adoptar hábitos saludables puede marcar la diferencia. Reducir o eliminar el consumo de alcohol, mantener una alimentación rica en fibra, limitar las carnes rojas y procesadas, evitar el sobrepeso, dejar de fumar y realizar actividad física regular —al menos 150 minutos semanales, según la Organización Mundial de la Salud— son medidas fundamentales para disminuir el riesgo y proteger la salud a largo plazo.
