Madrid.– Más allá de su uso tradicional en la cocina, el ajo podría convertirse en un aliado clave para el envejecimiento saludable, según revela una investigación reciente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que analiza el impacto de compuestos presentes en este alimento sobre la longevidad y la calidad de vida.
El ajo, ingrediente esencial de la dieta mediterránea, ha sido históricamente valorado por sus propiedades medicinales. Estudios previos ya habían documentado sus efectos antioxidantes, antivirales, antimicrobianos y antifúngicos, así como su capacidad para ayudar a reducir la hipertensión, el colesterol y modular el sistema inmunológico.
Desde el punto de vista nutricional, el ajo destaca por su alto contenido de antioxidantes, vitaminas C y B6, manganeso, y minerales como fósforo y potasio, además de aportar pocas calorías. Su característico aroma se debe a la aliína, una sustancia que al transformarse genera compuestos sulfurados con efectos biológicos relevantes.
La nueva investigación, liderada por el CSIC, se centró en los denominados compuestos dialil sulfurados —presentes también en alimentos como la cebolla y el puerro— y sus efectos sobre el envejecimiento. El estudio, realizado en modelos animales, mostró que estas moléculas lograron retrasar diversos efectos negativos asociados a la edad y mejorar tanto la esperanza como la calidad de vida en ratones macho, jóvenes y adultos.
Según explicó María Ángeles Cáliz Molina, investigadora del CSIC en el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER), los resultados indican que estos mecanismos biológicos están presentes tanto en animales como en humanos, aunque subrayó que aún es necesario profundizar en la investigación antes de trasladar las conclusiones a personas.
El trabajo también evidenció mejoras en alteraciones asociadas al envejecimiento, como el Alzheimer, la sarcopenia y la diabetes, en los ratones estudiados. Para los investigadores, el hecho de que se trate de compuestos naturales ya incluidos en la dieta cotidiana representa una ventaja importante en términos de seguridad y potencial terapéutico.
El autor sénior del estudio, Alejandro Martín-Montalvo, señaló que, aunque los hallazgos son prometedores, todavía se requiere un largo camino de estudios adicionales, tanto en modelos animales como en humanos, antes de recomendar el uso de estos compuestos con fines terapéuticos.
Como parte del trabajo, se incluyó además un estudio observacional en humanos realizado en el Hospital Virgen del Rocío, donde se observó que las personas mayores con mayor fuerza muscular, mejor perfil de triglicéridos y menor riesgo de alteraciones neurocognitivas presentaban activados algunos de los mecanismos biológicos influenciados por los compuestos del ajo.
Los investigadores recordaron que el riesgo de enfermedades neurodegenerativas, musculoesqueléticas y metabólicas aumenta con la edad y que más de la mitad de las personas mayores no disfruta de una calidad de vida óptima. En este contexto, el desarrollo de estrategias que ayuden a retrasar o prevenir enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento se ha convertido en una prioridad global.
Finalmente, el equipo científico concluyó que la capacidad de los compuestos del ajo para modular procesos clave relacionados con estas patologías refuerza la importancia de continuar investigando su potencial como herramienta complementaria para mejorar la salud y la calidad de vida en la población envejeciente.
