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Cuando Richard Gere publicó un anuncio para desmentir que fuese gay

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Cuando Richard Gere publicó un anuncio para desmentir que fuese gay

Cuando Richard Gere publicó un anuncio para desmentir que fuese gay

El actor y Cindy Crawford se casaron en 1991 en Las Vegas, pero tuvieron que pasar toda su relación enfrentando los rumores que la tildaban de matrimonio de conveniencia

El 12 de diciembre de 1991 Richard Gere y Cindy Crawford cogieron un avión privado a Las Vegas. Allí, como si de una comedia romántica cualquiera se tratara, se hicieron unos anillos de papel de plata y en la Little Church of the West, se casaron.

Un año antes, cuando parecía que ya no podía hinchar un poco más la burbuja de su fama y de su estatus de seductor, Richard Gere había protagonizado Pretty woman, provocando que por primera vez muchas mujeres (y seguramente algún que otro hombre) mirasen la prostitución con otros ojos.

También un año antes habíamos visto a Cindy Crawford desnuda metida en una bañera mientras de fondo sonaba George Michael cantando una bonita letra a la que era difícil prestarle atención porque estábamos viendo, entre otras, a Cindy Crawford desnuda metida en una bañera. No había habido una bañera tan sexy desde esa en la que se metieron Kathleen Turner y William Hurt nueve años antes en Fuego en el cuerpo.

El fenómeno de las top había cristalizado, el fenómeno Gere había alcanzado su tope y aquel papel de plata enrollado alrededor de un par de los dedos anulares más aspiracionales del mundo en 1991 inauguró el primer gran matrimonio de celebridades de los noventa. Y el menos creíble para la prensa.

Cindy Crawford y Richard Gere en los Oscar de 1993.© Cordon Press

No era que fuese difícil concebir que dos de las personas más atractivas del mundo se enamoraran y decidieran casarse, no. Era que Richard Gere era gay. Los rumores sobre la homosexualidad de un famoso no suelen tener un detonante claro, se alimentan de otros rumores, leyendas, datos sacados de contexto y demás aderezos, pero este parece tener un detonante más o menos evidente: Bent, la obra que cuenta la lucha por sobrevivir de varios hombres homosexuales en la Alemania nazi. Gere interpretó a uno de ellos en el primer montaje que se estrenó en Broadway de la obra, allá por 1980. Y además tenía una escena de sexo homosexual. ¿En qué cabeza cabía que un actor se digne a rozarse en escena con otro hombre siendo heterosexual?

Seguramente tampoco ayudaron las palabras de Gere sobre el matrimonio. Según contó ella en 1994, él no tenía ninguna intención de casarse y fue la idea de ir a perderla lo que le condujo a aceptar una boda exprés. Y aunque esa actitud frente al matrimonio encaja en el estereotipo de hombre heterosexual orgulloso de estar libre de ataduras, el rumor ya estaba hecho.

“Nunca pensé que fuera peligroso para mí. Nunca he pensado en mi carrera en esos términos”, declaró Gere en 2015 con motivo de un nuevo montaje de la obra de Martin Sherman. No lo pensaste, pero lo fue, Richard. El actor tuvo que ver otra serie de rumores afluentes del rumor de su orientación sexual. ¿El primero? La rocambolesca leyenda urbana de que una vez le sacaron un jerbo vivo de sálvase la parte que contribuyó a alimentar Sylvester Stallone. Y el de que una vez, ante una pregunta impertinente de una periodista sobre su orientación sexual, Gere se sacó delante de ella sálvese la otra parte.

Ningún desmentido iba a ser suficiente, pero que por él no quedara. En 1994, después de tres años de casados, Gere y Crawford publicaron un anuncio en el The Times londinense que se estima les costó unas 20.000 libras, con el texto que sigue:

“Nos casamos porque nos amamos y hemos decidido compartir nuestra vida. Somos heterosexuales y monógamos y nos tomamos nuestro compromiso el uno con el otro muy en serio. No hay y nunca ha habido un acuerdo prenupcial de ningún tipo. Los rumores de divorcio son totalmente falsos. Seguimos muy casados. Los dos planeamos tener familia”.

Cindy Crawford y K. D. Lang en la portada de Vanity Fair USA.© Getty Images

Y claro, excusatio non petita, Richard. Para qué más. A ojos del mundo el matrimonio Gere/Crawford era de conveniencia pura y dura porque, por supuesto, ella también era homosexual, rumor que se había acrecentado cuando posó para la portada de Vanity Fair de agosto de 1993 junto a K. D. Lang. ¿En qué cabeza cabía que una mujer heterosexual se dignara a posar en actitud sexy junto a una mujer homosexual sin ser ella nada de eso? Ah, no, que esto y mucho más sí cabe en la cabeza –sobre todo en la estantería “fantasías”– de muchos. El caso es que para lo que nos ocupa, Cindy Crawford era más lesbiana que las mujeres que pueblan la mayoría de los vídeos de cualquier web pornográfica.

Pese a haber estado tan casados, Richard Gere y Cindy Crawford se divorciaron en 1995, un año después de aquel anuncio, pero sus respectivos matrimonios con los rumores sobre su orientación sexual han seguido vivos. En 2007, en un tributo que la Britain’s Radio 4 le hizo al cómico y presentador Alan Coren, emitió un fragmento de una entrevista con Michael Caine, en la que después de que el actor contara que había sido vecino de Richard Gere, él le preguntó: “Entonces, debes de saber la respuesta a la gran pregunta, Michael. ¿Es Richard Gere gay?”. La respuesta de Michael Caine: “No sé si lo es, pero probablemente ayudaría si se quedaran cortos de personal”. Además, su apoyo desde su fundación a diferentes causas relacionadas con el VIH tampoco ha contribuido a acabar con los prejuicios de quienes los tienen.

Por su parte Cindy Crawford salió en un capítulo de Ellen en 1998, ¡cómo se atreve!, y después se fue a casar con Rande Gerber, al que hasta hoy han rodeado rumores de una supuesta relación con George Clooney.

Esta es una de esas películas en las que el drama de una minoría es más drama cuando lo vive alguien que forma parte de la mayoría a la que normalmente no le afecta. No han sido los primeros ni serán los últimos. La historia de los heterosexuales que ven cómo se especula con su sexualidad demuestra que el armario funciona como arma de doble filo: un refugio para que, por ejemplo, celebridades homosexuales no tengan que enfrentarse a las consecuencias que aun hoy sufrirían si hicieran pública su orientación sexual; y un escondite en el que siempre se creerá que se agazapa quien es blanco de rumores sobre su orientación sexual por muy heterosexual que se declare. Qué sabe nadie, que diría Raphael, probablemente una de las personas que más sabe del tema.  revistavanityfair.es

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